La verdad es que el ciclismo no es un deporte que me guste, si no que me encanta, y es por ello por lo que quiero escribir estas líneas. ¿Cómo puede ser que algo tan maravilloso se convierta a veces en algo tan asqueroso?
Mi indignación viene al observar durante mis salidas en el “carril de Soto” las intolerancias por parte de aquellos que se hacen llamar ciclistas (ojo, no les llamemos globeros, que se nos enfadan). Querer hacer uso de esa gran infraestructura que te permite pedalear alejado de los peligros inherentes a la circulación por carretera, puede convertirse de repente en un riesgo para la salud mental (y a veces física). Poniendo en situación: ciclista aficionado (para mi es ciclista todo aquel que disfruta con su bicicleta independientemente de su nivel y/o actividad) que decide circular pegado a la derecha, despacio, y dando un paseo. De repente aparece el Master Pro irrespetuoso, que al verle circular a esa velocidad decide adelantarle a medio centímetro de distancia; ¡vaya! Y nosotros reclamando el 1,5 m, que paradoja. Eso es intolerable. Pero esto no es lo único que he visto. Añadamos otro caso; ese mismo ciclista aficionado, que haciendo mal las cosas, pero sin mala intención, sale por el citado carril, pero esta vez circula digamos de una manera poco ortodoxa pudiendo dificultar la circulación de otras personas, y de repente, un Pro que se acerca; ¿qué recibe dicho aficionado? Voces, insultos y cualquier cosa menos bonito se le dice. ¿Dónde queda esa elegancia del deportista? Cierto es que el aficionado no hace las cosas bien, pero tal respuesta no es de recibo. ¿No te sentirías tú con la “obligación moral” de ayudarle y enseñarle, con educación, que dicha acción es peligrosa y explicarle como debe circular? Parece ser que no.
Estos son solo algunos ejemplos de cómo el deportista, que bajo mi gusto debe lucir como bandera la elegancia y buena educación, se convierte en una auténtica fiera digna de ser encerrada. A eso me refiero con los elitismos: gente que se piensa que está por encima de los demás y te mira por encima del hombro por el simple hecho de pensar que hacer más de 8.000 km al año le otorga una licencia de “profesional” respecto a los demás. Y no quiero acabar sin añadir a todos estos ingredientes a aquellos que según ven cómo vas vestido o que material utilizas ya te enmarcan en una categoría; y me refiero a esos que piensan que si no usas un casco aero, un grupo Dura-Ace o una flaca Full-Carbon tope gama no eres nadie. A todos esos les recomiendo que busquen en YouTube el vídeo de un ciclista adelantando a una grupetta con su Panter-Rabasa en el Ventoux. La calidad está en las piernas caballeros.












